lunes, 30 de noviembre de 2009

El otro día entre en la Catedral de Barcelona, y sinceramente, caí en una depresión. Vale, soy atea, bueno, igual ni eso, creo en algo particular y propio de mi mente, con lo cual puedo decir que no soy católica. Pero respeto cualquier religión siempre y cuando esta respete los derechos humanos.
Al entrar en la catedral me quede impactada, hacia muchos años que no entraba y es realmente una pasada arquitectónica. Pero al dar dos pasos llegó mi primer impacto decepcionante, unas pantallas de plasma en cada columna interior de la catedral. Por un momento dudé si estaba en la catedral o en el aeropuerto. Bien, después de haberme quedado flipando seguí caminando, y me encontré delante de cada santo una especie de caja electrónica con luces dentro. La observé y me di cuenta de que era lo que supuestamente remplazaba las velas que la gente traía a sus santos. Solo que en estas, tu metías dinero y se encendían dos bombillas de color amarillo. Me pareció tan denigrante... No tiene ningún sentido para mi, encender una luz, comparandolo con encender una vela...

Definitivamente, cada día encuentro más razones por las que ir en contra la iglesia. Que se pudran los pobres y que se compren teles de plasma las catedrales anunciando las misas, y se forren a costa de querer creer en sus santos.


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