domingo, 7 de marzo de 2010

23 de Agosto del 2009

No sé exactamente con que próposito voy a escribir esto, pero siento que lo necesito de alguna forma. Creer en algo, y rendirte a ello, arriesgarte, y jugartela, pueden hacerte soñar con algo, que sin mediar palabra, cualquiera puede destruir. De un dia para otro las cosas cambian, las personas pueden decepcionarte o sorprenderte positivamente, y de todas formas, no te queda más remedio que seguir en pié, llorar esas cuatro lagrimiyas y salir adelante. No creo que haya que ser demasiado fuerte, como para no sentir las decepciones o la tristeza y no poder aprender de ella, ni tampoco ser lo suficientemente frágil para que te rompan las ilusiónes de aprender. Todo se basa en el punto medio. No se trata de que dices, sino como lo dices. Aunque lo neguemos, aquello que nuestro própio corazón nos advierte, en la mayoría de ocasiones no le hacemos ni caso. Decidí en cierta ocasión, que no era el momento de confiar en nadie, y lo acabe haciendo. Poca sorpresa fué, darme cuenta de que no debí hacerlo. No debí darte tal importancia, ni tal tiempo, que tu no valoraste. Hubiese valido más la pena entregarselo, a esa clase de personas que siempre estan a tu lado, y que son algo más que un novio pasajero, son un amigo para siempre. Núnca se me ha dado bien desprenderme de nadie, cuando llego a querer a alguien, me cuesta duras penas sentirle lejos. Cuando me acostumbro a las burradas de alguien, a sus sonrisas, sus estupideces, y sus abrazos, no se como vivir sin ello. Y contigo no va a ser menos, no sé enfadarme de verdad con alguien importante para mi, o talvez, sepa enfadarme, pero no demostrarlo. No tengo fuerzas de hacer sentir mal a alguien que me ha echo daño. Y por mucha decepción que me pese, por mucho fiasco y amargura que me quede en este corazón, no podré evitar sonreír cuando escuche cualquier canción de Maldita Nerea, o cuando escuche la palabra inutil. Cuando pasee por el puerto, recordaré aquello que vino y se alejó sin apenas darme tiempo para vivirlo. Por mucho dolor, no podré evitarlo. Solo quizás, podré distraer la tristeza más perenne los primeros días, al lado de mejores amistades, que sacan sonrisas siempre que las lagrimas pretenden ahogarme.

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