martes, 1 de marzo de 2011

Cada día

Estoy aquí, otra vez. Como cada tarde. Como cada día. ¿Y que? Me queda preguntarme. ¿Llorarte, a ti? No, a mi. Llorar porqué no me queda nada más que hacer. Llorar porqué las lágrimas acarician las mejillas que ya no besas. ¿Llorar? Sí, llorar. Parece mentira que cuantos mas días pasan menos lo entiendo. ¿Una hora más lejos de toda la tormenta? Que va. Una hora más de tormenta. Y el sol se va escondiendo. Me pregunto constantemente: ¿Que hago? Y nadie responde. Olvidarte supongo, o eso intento creer que hago. Quiero pensar que todas estas horas las estoy invirtiendo en olvidarte. Pero ¿Sabes? Me aterra pensar que en realidad no hago otra cosa más que quererte, que ni se me pasa por la cabeza la idea de olvidar. No quiero. No quiero olvidar tus besos, ni tus abrazos, ni nuestras tardes, ni nuestras noches, ni nuestras cosas, ni nuestros suspiros. Es lo único que tengo. No quiero perderlo como te perdí a ti. Y si, llorar. Llorar porqué no me queda nada más que hacer.

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