miércoles, 18 de mayo de 2011

Pedaleo estacional

Una estación tras la otra. Enero, febrero, marzo y después abril. Semanas. Lunes, martes y de tanto en tanto un buen viernes. Me cruzo con las horas. Hola, que tal. Los segundos corren. Estrés circunstancial. Monotonía espesa. Llena de ti. Las calles van hablándome de mis sueños. De todas las inocentes ilusiones que un día poblaron mi felicidad. El pedaleo de la bicicleta me disfraza. Puedo recorrer todos tus abrazos sin volver atrás. Están aquí, no se han ido, van conmigo. Buenos días copiloto. Me acostumbro a tu olor. La compañía nunca va mal. Excepto cuando me haces cosquillas. Si, y yo a ti. Ahora las lagrimas mecen la barca del pasado. Me mareo. Quiero vomitar sentimientos. Necesito sacarlo. Quiero contarte que cada calle es una parte de mi, y en consecuencia una parte de ti. Quiero abrazarte. Estrujarte hasta quitarte la esencia que me hace amarte. Eres... Sonrisas. Uñas mordidas. Abrazos. Mi edredón. El pantalón de pijama a rallas. Pizza. Películas. Medicina contra la fiebre. Ojos azules. Inocencia. Perspicacia. Pasta al pesto. Un pueblo. Invierno. Blanco. Un olor peculiar. Mimado. Perdedor del juego de besos. Espía. Mi bonito. Amigo.

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