lunes, 20 de julio de 2009

Me abstengo a contar las barbaras ganas de chillarte todo lo que me horroriza de ti. Si no me vas a usar más que para contarme tus tremendas ganas de besar a cualquier otra, para luego acariciar mis brazos como si de terciopelo se tratará, olvidate. Y esta vez, de verdad. No juegues a engañarme, diciendo que no me quieres, provocando ese beso que luego rechazas. No me rompas a trocitos la ilusión con segundas opciones. Basta de esta farsa inmunda que me llevó al precipicio largas y macabras noches bajo el único afán de llorar. Es jodidamente inhumano, y por si no lo he repetido suficientes veces, ahora soy yo la que no piensa abrirte la puerta a mi corazón, te la abriré sino, a un callejón de mi alma donde dejarte abandonado una larga temporada. Puede que si tenga un lazo de amistad contigo que me cueste calmar, pero es cierto también, que al volverse opaco el amor que sentía hacia tu ser, la amistad se allá oscurecido consecuentemente.

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