domingo, 22 de marzo de 2009

Quería abrazarte pero se me hacía imposible. Quería cogerte la mano, sin sentirme incomoda, besarte en la mejilla como si solo se tratara de amistad. Quería decirte mil cosas que quien sabe de donde habían salido, que ya hacía tiempo que rondaban mi cabeza. Y mientras pensaba que era lo que quería, tu frase se abalanzó sobre mi: "Me voy". Quizás porque era la palabra que mas temía cada tarde que compartía a tu lado, o porque quería decir alejarme de ti unas cuantas horas más, yo volví a pensar lo que quería. Quería que te quedaras. Y sin saber como, mis labios empezaron a largar palabras seguidas unas de otras, soltando pensamientos secretos: "¿Y si te quedaras? ¿Y si por un día no tuvieras que irte? ¿Y si viviéramos juntos incluso en las noches, en las tardes, en las mañanas, y en las madrugadas?". Mi piel dorada, se volvía rosada, como si fuera pellizcada cien veces. Tu mirada me observaba y pensé que recriminar a la vocecita que apuntaba la sinceridad de mis sentimientos, sería lo más correcto. No lograba descifrar que querían demostrar esos ojos, así que respondí como debía haber echo de buen principio: "¡Hasta mañana!".

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