sábado, 28 de marzo de 2009

Solía mirarle a los ojos, hasta que llegó un día en que dejó de hacerlo. Se sentía abatida, y su mirada la dejó fundida. No sabía si el aguante de su valentía tenía caducidad, pero la realidad era que creía no poder más. Le miró, y sus ojos le correspondieron tiernamente. Esa simple mirada, se le abalanzó en un momento de debilidad. El corazón le dio un vuelco y empezó a sentir lágrimas que le recorrían las pupilas. Estos se le inundaron de llantos, y se dio vuelta al ver que no podía aguantar más. Empezó a llorar un dolor profundo que le dejó atónita definitivamente. Tenía presente que al día siguiente él partiría 15 días a Canadá. Pero para ella significaba mucho más, conllevaba haber estado esperando casi un año, y separarse de él, sin poder decirle lo que sentía. Significaba haberse rendido, no haber sido valiente para decirle lo que tanto tiempo llevaba sintiendo. Los ojos no le dejaban de llorar, y volvió aquella tarde llorando a casa. Bajo la lluvia, la sintió mezclandose entre las lágrimas, y pensó quizás, que el cielo lloraba todo lo que ella no era capaz de llorar. Se arrepintió por no haberse sincerado a tiempo, ahora que tenía 15 largos días para reflexionar, pero pensó quizás, que lo mejor para él, era seguir viviendo en la mentira, y ella soportar un tiempo más, aquel sentimiento y aguante que cada día se le hacía mas insostenible.

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