martes, 17 de febrero de 2009


Mientras las nubes desvanecidas, sin amparo, radiaban el cielo de un color blanco oscuro, salió de casa en dirección, sus brazos.
Caminaba, tarareando canciones, que ahora solo le recordaban su situación, sus ojos llenos de miedo, y ganas de acojer ese olor de su piel, en su corazón, para siempre.
Las calles parecían, entonces, largos y oscuros caminos donde el complejo sentido del gusto, había sido arrebatado al que los creo. Se le hacían eternos, y ella solo pedía porfavor poder caer entre sus labios deprisa.

Llegó a su puerta, y las manos se echaron a buscar un escondite, donde no estorbar, ni mostrar sus nervios. Seguidamente las sacó para llamar al timbre, y el sonido de aquel interfono, volvió a su corazón definitivamente loco. Los nervios se le veían, escondiera las manos, las enseñara, sonriera, llorara, que mas daba, se le notaban.

Un suspiro creo conversación, y seguidamente, la llamo por su nombre, invitándola a pasar.

Mientras subía las escaleras, creía estar apunto de morir. Tenía miedo de hacer un comentario desacertado, una sonrisa inadecuada, o un aspecto demasiado hostil. No tenía muy claro si besarle en los labios, o tal vez en la mejilla. No tenia ni idea de como iba a reaccionar.

Al llegar al piso donde el yacía, la puerta entreabierta, abrió paso a que entrase. Dio dos pasos y lo observo levantandose del sofá. Estaba igual o más nervioso que ella. Los colores rosados adornaban su dulce cara de timidez. Los labios de los dos, fueron a cruzarse, en un mismo sentido. Y se besaron tan sinceramente, como pudieron.

A partir de allí, las luces se volvieron tenues, y el amor fundó un paso más en sus vidas, y uno menos en el del corazón.

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